Estoy sentado y humedecido mecido por mis calores
y las aguas traspasan mis oídos traslúcidos
No aprenderé las palabras que me están rozando
ni desliaré mi lengua de debajo de mis pisadas
Pienso seguir así hasta que el agua se alce
hasta que mi piel desprendida deje sueltos los ríos

(Vicente Aleixandre)



3 de mayo de 2010

Llamaría a la luz, aquella plateada y distinta apariencia que puso en mis manos la noche del sueño un agua tranparente de sentires, de dulces promesas de niño, de ingenuos caracoles de tierra, de lágrimas de mañana que amanecían con todo silencio, con todo el respeto de las madres dormidas.

(Vicente Aleixandre)

—¡Dulces luces azules de túneles y puertos,
que alumbráis solamente una flor, una onda;
que unís, calladamente, entre la madrugada,
la frente y el cristal con estrellas remotas!—
¡Vueltas de los caminos, cuando desde el vagón
se ve un anfiteatro de coches de caoba,
con niños de ojos tristes que nos miran de pronto,
la frente abierta por el viento de la aurora!
¡Buque oscuro que avanza entre buques dormidos,
lento, y para suave, el sueño de sus cosas;
que en la alta noche, plena ya de otro silencio,
ve casas espectrales, amarillas farolas.


(Juan Ramón Jiménez)

Todos dormidos
mares túneles vientres y cadenas
todos respirando despacio
una tinta emitida por una boca triste


todos echando luz o pena como lana
todos aquí besando el cristal mágico


(Vicente Aleixandre)