Estoy sentado y humedecido mecido por mis calores
y las aguas traspasan mis oídos traslúcidos
No aprenderé las palabras que me están rozando
ni desliaré mi lengua de debajo de mis pisadas
Pienso seguir así hasta que el agua se alce
hasta que mi piel desprendida deje sueltos los ríos

(Vicente Aleixandre)



26 de diciembre de 2010

La superficie del agua se transforma casi imperceptiblemente día a día; varía el color, la forma de las olas y la velocidad de la corriente. Y las estaciones, no cabe duda, van cambiando el aspecto de los animales y las plantas que viven junto al río. Nubes de diversos tamaños y formas aparecen de no se sabe dónde para desaparecer al instante. Y el río recibe la luz del sol para, unas veces con nitidez, otras de manera difusa, reflejar el ir y venir de su blanca imagen sobre las aguas. Según la estación, la dirección del viento cambia como si alguien hubiera pulsado un interruptor. Por la sensación que el viento produce en nuestra piel, por su olor y su dirección, se perciben claramente las muescas que cada estación deja a su paso. Inmerso en la corriente que acarrea todas estas vivas sensaciones, adquiero conciencia de que este ser que soy yo no es más que una minúscula pieza dentro del inmenso mosaico de la naturaleza. Al igual que el agua del río, no soy más que una mera parte reemplazable de un fenómeno natural que pasa por debajo del puente en dirección al mar.

(Haruki Murakami)